Casillero del Diablo Carmenere 2011- Ni fu, ni fa… Ni su contrario

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Hace un tiempo arranqué una cata de los tres vinos más vendidos en el mundo (Yellow Tail, el más flojo y Trapiche, el mejor de los tres), y con este Casillero del Diablo se cierra, por el momento, este ‘experimento’. El vino más conocido de Concha y Toro, Carmenere de 2011, promete mucho en la nariz, pero que se queda corto en boca. Incluso con un pequeño defectillo de verdor y exceso de acidez, en la primera toma de contacto. Pero, cuidado, muy correcto para ser de esos vinos ‘populares’ mundialmente. Incluso, si se le da su tiempo, puede hasta convencer.

Elaborado 100% con uvas de la variedad Carmenere del Valle del Rapel, una de las regiones vitivinícolas más famosas de Chile y situada en riberas en pleno centro del país, ha sido criado en barricas de roble francés y americano durante 9 meses. Posiblemente, éste no sea el mejor vino para poder apreciar las características propias de la uva Carmenere, pero con un poco de imaginación…

Empresa emblemática del vino chileno

Viña Concha y Toro es la principal productora y exportadora de vinos de Latinoamérica y una de las 10 mayores compañías de vino del mundo. Y su historia, centenaria, se remonta a Melchor Concha y Toro. Actualmente, la empresa está controlada por las familias Guilisasti y Larraín y tiene presencia en más de 130 países, a través de filiales como Viña Cono Sur, Trivento Viñedos y Bodegas (en Argentina), Viña Maipo,3 Viña Maycas del Limarí, Viña Palo Alto, Viña Canepa, Finca La Chamiza (Argentina) y Viña Los Robles.

Carmenere, la uva nacional más extranjera

La cepa Carmenere desapareció de su lugar de origen – Francia- tras la filoxera, reapareciendo en Chile a fines del siglo XX y ha terminado convirtiéndose en el emblema del vino en Chile. Cepa nacida en Bordeaux, fue ampliamente cultivada a principios del siglo XIX en las regiones de Médoc y Graves. En 1860 ocurre el desastre de la filoxera, un insecto diminuto que afecta la raíz y las hojas absorbiendo la savia de las plantas. Sólo algunos países pudieron salvarse de esta plaga.

Tras este hecho, los viñedos franceses lograron sobrevivir y convivir con este insecto utilizando raíces americanas, donde injertaron las variedades que necesitaban. La uva Carmenere no dio buenos resultados y acabó desapareciendo lentamente del mapa francés y del mundo.

En Chile, las uvas Carmenere fueron introducidas, junto con otras variedades bordelesas, a mediados del siglo XIX, destacando la cepa llamada localmente Merlot chileno o Merlot tardío, debido a que las uvas maduraban ya entrado el otoño. Durante la década de 1980 en Chile, todos pensaban que el Merlot se había adaptado a sus suelos, pero en 1994 el ampelógrafo francés Jean-Michel Boursiquot afirmó que el Merlot chileno era en realidad la extinta Carmenere.

Finalmente, y con sofisticados análisis de ADN, se pudo comprobar la importante revelación de Boursiquot. Tras esta noticia, de gran impacto en el mundo vitivinícola, se daría el punto de inicio para llevar a Carmenere hasta lo que es hoy, la cepa emblema de Chile.

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