Lástima, perdímos a un gran y desinteresado comunicador

RuedaBola-JuanEchanoveMe apena. Sí, porque lo que engrandece las redes sociales también las envilece.

Y el ejemplo es el del actor Juan Echanove, que hace unos días cerró su cuenta de twitter, en la que comentaba, contaba, informaba, transmitía, contagiaba -no criticaba, porque él no es crítico y además, conociéndole, sé que le horrorizaría- su enorme pasión por la gastronomía y el vino. Pero un desafortunado comentario sobre un mal servicio (del que él mismo se disculpó, eliminó el tuit e intentó rectificar) fue la excusa para que, bajo el anonimato en la mayoría de los casos, llovieran insultos, descalificaciones, exabruptos y exageraciones sin nombre.

A partir de aquí el debate. Porque si es inteligente, fundamentado y cortés, es una de las mejores aportaciones de la interacción que surge de la red. A ver: que si la exposición de los famosos está sujeta a estos despropósitos; que si es parte de su ‘sueldo’; que si tienen que saber aguantar y hacer oídos sordos a estas vomitonas de 140 caracteres; que si esconden intereses espurios en sus comentarios; que si se deberían limitar a comentar de lo que saben… Que si, que si…

Lo que es cierto, mucho mas allá de todos estos matices que podríamos discutir, es que muchos famosos aprovechan el prestigio que les da su profesión para compartir sus pasiones. Y para muchos -gracias a Dios- la gastronomía y los vinos son parte fundamental de su día a día, lo disfrutan y buscan su parte hedonista con profusión. Además, hay que tener en cuenta que por sus posibilidades de todo tipo, tienen más acceso que la media a opciones gastronómicas novedosas y vinos diferentes.

Por ello, es un lujo para los que paseamos por las redes que nos cuenten sus experiencias, que gasten algo de su tiempo en escribir que les ha parecido tal lugar o cual vino. Sobre todo para poder contrastar, descubrir, experimentar o discutir, diferir, corregir. Y encima, lo puedes hacer directamente con ellos. Esa sí que es la grandeza de las redes sociales, que los que las conocen y utilizan lo hacen en los dos sentidos.

Pero no sólo eso. El poder de difusión -en este caso medido por el número de seguidores con los que cuentan- hace que cualquier restaurante, cocinero, bodega o vino que sea nombrado por ellos multiplique exponencialmente sus posibilidades de dar a conocer sus instalaciones, sus platos, sus viñedos o sus añadas. Y cuidado, con la calidad y la veracidad que otorga ser comentarios gratuitos, satisfechos y agradecidos. Vamos, un lujo.

En este caso, me queda la sensación de que hemos perdido los sinceros comentarios de un tipo que ama esto de la gastronomía en general, un cariño que le empuja a contarlo y difundirlo. Qué se le va a hacer, tendremos que buscarlo en “mar abierto”

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