La cata es algo personal y difícilmente transferible

RuedaBola-Catas

Declaración de intenciones: hace ya mucho tiempo, pero mucho, que no leo las llamadas ‘notas de cata’. Me bloqueo y me aburro, no soy capaz de digerirlas y, lo que es más importante, no creo que me aporten casi nada (salvo honrosas excepciones, con nombres y apellidos). Generalmente son tratados de autodisplicencia hacia el vino, en otras ocasiones son exabruptos de autoestima en forma de literatura calificativa, la mayoría son obviedades e incluso reiteraciones banales y, las más cansinas, un listado de referencias tan personales como innecesarias.

Y lo curioso es que creía que era algo que me ocurría sólo a mi. Que mi asumida prepotencia me hacía renunciar a la percepción sensitiva personal de las notas de cata. Pero nada más lejos de lo real. Resulta que le pasa a casi todo el mundo que se acerca al maravilloso mundo de los vinos. Avezados y menos avezados no pueden con esta retórica cursi y engolada, la ningunean y apartan de su búsqueda de contenidos sobre el vino. Los más introducidos en la cata sacan sus propias conclusiones y los que se arriman con una mezcla de desdén y curiosidad simplifican en las manidas frutas negras y frutas rojas… y poco más.

En mi opinión, esta seriada muestra de percepciones personales le hacen flaco favor al consumo de vino. Alejan a muchos interesados, sobre todo jóvenes, porque creen ver en ellas una muestra de sapiencia a la que hay que llegar. Y si no, el problema es que no entiendes, no tienes capacidad de apreciar ‘matices’, de disfrutar en plenitud del vino. ¡Chorradas! De hecho, el vino que se queda en el recuerdo, ese que te encantaría compartir con los demás, tiene un contenido oculto e indescifrable que difícilmente se puede contar, porque acontece en lo más íntimo y personal. La subjetividad emocional.

catasY, sin embargo, la moderna internet y la tradicional prensa en papel están llenas de descripciones de vinos con aromas indescriptibles, de sabores inenarrables y colores infinitos. Las etiquetas de los vinos atesoran narraciones vertiginosas de sensaciones, sólo apreciadas por el literato que las incluyó en su diseño. Un poco de contrasentido con lo que yo observo que demanda la gente que les cuenten de los vinos.

Pero cuidado, que este desdén por las notas de cata no es postureo, aunque lo parezca, ni mucho menos. Es que de verdad me aburren y sólo me ofrecen la visión única e intransferible del que la escribe o narra. Y, sobre todo, me interesa mucho más dar respuesta a otro tipo de cuestiones que, para mí, sí hablan de un vino. El cómo está elaborado, el dónde se encuentran y el cómo son los terrenos de donde sale la uva con la que se forma, el quién y porqué lo firma, el cómo fue la añada en el campo, la historia de la bodega y de sus propietarios, el paisaje que lo circunda… Todo lo que hace que un vino sea grande para el que lo cata, aquello que le hace diferente y diferenciador.

Eso sí, señores, beban, beban y beban vino; caten, caten y caten todo lo que puedan… aunque después nos cuenten su nota de cata.

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