Txakoli, una experiencia más allá del vino

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Algunos dirán que es poco vino, otros que la acidez satura, otros que el carbónico disimula e incluso se escancia, otros que duran muy poco y que el grado alcohólico es escaso… Pero tiene su público, se comercializa cada vez más y eso es suficiente. Lo que es indudable, es que el esfuerzo de unos cuantos está consiguiendo sacarlo del localismo tradicional, para extenderlo más allá de sus consagradas fronteras.

Sí, hablo del Txakolí, más concretamente del Txakolí de Getaria, ese que lucha por hacer las cosas de otra manera, igual de artesanales pero introduciendo conocimiento, técnica y preparación. Ya no es cosa de cuatro parroquianos que hacen un vino para sus fieles, sino de productores que apuestan por el viñedo, por inversiones en tecnología de bodega y, sobre todo, por un terruño único en un paisaje absolutamente espectacular.

Actualmente, el ámbito geográfico de la DO Getariako Txakolina es el territorio histórico de Gipuzkoa, con 402 hectáreas de viñedo, mayoritariamente en emparrado. Lo que le hace especial es que se encuentra en un 91% en zonas costeras. Otra peculiaridad es la variedad de uva blanca, Hondarrabi Zuri, variedad autóctona de racimos pequeños, que ofrece aromas cítricos con una acidez notable, y plantadas en viñedos de pequeño tamaño orientados hacia las zonas de más luz.

Siempre he defendido que el vino es, además de muchísimas cosas, todo lo que hay detrás de su elaboración, y en el caso del txakolí de Getaria, el entorno donde se elabora tiene una belleza excepcional, un paisaje montañoso y costero cautivador. Me gusta visitar bodegas, me gusta disfrutar del vino donde lo elaboran, me gusta empaparme de las personas que lo trabajan y dotan de personalidad… Y en Getaria se descubre un mundo único de paleta de verdes y azules, de árboles centenarios y chalupas incansables, de aires marinos y vientos de montaña.

Mucho se habla de la experiencia, vivir experiencias, experimentar experiencias, atesorar experiencia. Pues suban a las bodegas de Getaria y eso es los que hay por doquier, aderezadas por curtidos y cercanos bodegueros que contagian amor al paisaje y a lo que hacen. Vamos, un auténtico disfrute, más allá del vino. Y después bajen a Getaria, o a Zaraut, o a Donosti…, y disfruten de un txakolí con un pintxo. ¿Se puede pedir más?

 

 

Txakolí Elkano

 

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Casi todo en la vida es subjetivo, y a la hora de recomendar un txakolí y una bodega ejerzo mi personal visión para apostar por txakoli Elkano. No sé si es la mejor bodega, ni el mejor vino de la zona, pero la familia que vive para ello es excepcional y absolutamente entrañable.

Subes desde Getaria, por un sinuoso camino de verdes laderas y profusas curvas y, de pronto, la retina queda dormida. A un lado el Cantábrico y el puerto de Getaria; al otro las montañas siempre verdes salpicadas de pequeñas y homogéneas lindes de viñedos, la ‘pequeña Suiza’; y en el centro una pequeña bodega, de piedra colocada una a una por sus dueños, la familia Zimmermann Alkorta, con la impronta de su alma mater, José Luis, como él dice “una mezcla en sangre de vasco y alemán que da cosas interesante’.

Merece mucho la pena beber su vino, pero lo que no se te olvidará nunca es conocer el espectáculo de paraje donde se ubica la bodega y el magnífico recuerdo que sus propietarios dejan en quienes les visitan.

Más información: www.txakolielkano.com

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