Viva el hedonismo, muerte a la pseudosalud 

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La preocupación por la salud y el estado físico es un perfecto campo de cultivo para el marketing, además de para el ‘amarillismo-mediatico-nutricional’ . El problema es cuando una estrategia de mercado lícita, se enmascara bajo pseudoestudios, de pseudauniversidades, realizados por pseudoscientíficos. Generalmente, informes y estudios interesados, pagados por el sector y con un maniqueo interés espurio.

Y cómo no, la palabra mágica, el maná de la eterna juventud, belleza y simpatía, eso que nadie sabe qué narices es, pero que para todo vale: el ‘resveratrol’. Como si se tratara de un componente surgido del Olimpo de los dioses, el resveratrol -un tipo de fenol natural, que producen algunos tipos de plantas como respuesta y defensa ante ataques de patógenos- convierte al vino en casi un fármaco sin límites.

¿A quien no le han contado o leído, que el resveratrol del vino es uno de los componentes que más expectativas están creando en la comunidad científica en la lucha contra el cáncer? Así, sin anestesia, sin más datos, contado con base científica en catas en bodegas, o en ferias de vinos.

Todo se puede leer publicado, y todo tiene esa base pseudocientífica: cura la diabetes, resuelve enfermedades parasitarias, previene y sana enfermedades cardiovasculares, combate el colesterol, fortalece el sistema inmune, reduce las alergias, mejora la salud de la piel, disminuye las inflamaciones, mejora la circulación de la sangre, retrasa las consecuencias del Alzehimer… Y ahora lo mejor: “podría incluso promover la longevidad” (leído en el prospecto de un botecito encontrado en una tienda de ‘productos naturales’),

Más, más, que estoy emocionado. Según la página mejorconsalud.com, “ayuda a la digestión, reduce la formación de cálculos renales -en realidad es bueno para las funciones renales y urinarias en general-, mejora la dentadura, protege el cerebro y mejora la visión. Y como si todo lo anterior no fuera suficiente, el vino tinto también: disminuye el riesgo de padecer hemorroides; contrarresta los síntomas de las várices; reduce la presión arteria; equilibra los niveles de insulina en sangre; impide la formación y la acumulación de la grasa en el vientre.; combate la gingivitis, y reduce el dolor de garganta”. Uf, estoy muriendo de sano.

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Afrodisiaco y ‘función gimnasio’

Pero como el resveratrol se quedaba corto para que el vino fuera un líquido absolutamente imprescindible en la salud, los pseudoestudios analizan otros elementos. Este me encanta: “un estudio del hospital de Santa Maria Nuova en Florencia, realizado sobre una muestra de 800 mujeres, concluye que, el deseo sexual se incrementa cuando el vino se consume moderadamente al aumentar, éste, la presión sanguínea en las zonas erógenas de la mujer. La culpable es la histamina”. Y otro, pero desde diferente ángulo: “según los investigadores de la Universidad de Kingston de Londres, el vino tinto puede aumentar la cantidad de testosterona en los hombres. El ingrediente clave en el vino es la quercetina, que bloquea la eliminación natural de testosterona a través de la orina”. Sí amigos, es un afrodisíaco dual, para hombres y mujeres, para todos oiga.

Y he dejado para el final uno de los que más me gustan. El no va más. El estudio definitivo por el que beber vino debe ser de obligatorio consumo y prescrito en farmacias: beber vino es mejor que ir al gimnasio, “según la Universidad de Alberta (Canadá). Se ha descubierto que el vino tinto contiene una sustancia llamada resveratrol -¡tachán!- que nos puede aportar beneficios similares a los que nos proporciona hacer una hora de entrenamiento en el gimnasio o al aire libre”.

Pero sigue, sigue, que esto me encanta: “por ejemplo, puedes beber vino lunes, miércoles, viernes y domingos, y entrenar martes, jueves y sábados. O viceversa. ¡Ya es un gran avance no tener que hacer deporte 6 veces a la semana!”. Me emociona, me congratula. De hecho, yo siempre he defendido que la gente bien no suda, y mucho menos paga por sudar en un gimnasio. Se lo gasta en buen vino, que es lo mismo, pero con más clase. (Aquí recomiendo, ahora en serio, un artículo de Juan Revenga, este sí reputado Dietista-Nutricionista y Biólogo en la Universidad de Navarra)

Todo esto no es más que información sesgada, equívoca, torticera y manipulada. No lo duden. Y me recuerda una reflexión de Tao Platón en clave irónica: “a ver si cuelgan el vídeo del doctor asegurando que 20g/día de alcohol reduce la mortalidad un 20% frente a los abstemios”.

Todas estas ‘ilusiones’ saludables, hacen el mismo efecto en el aumento del consumo de vino, que es de lo que se trata, que en el polo opuesto las macabras frases y fotos desagradables de los paquetes de tabaco en el descenso. Nada. Si el vino tuviera todas las propiedades saludables que leo por ahí yo estaría cachas, viviría hasta los 269 años, no tendría insomnio, los dientes perfectos, la virilidad intacta…

Sólo queda decir ‘salud’, disfruten del vino por que sí, porque lo más importante es la parte hedonista de vino, sin más. Lo demás…

 

 

 

 

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