De un torrezno a ‘Doce Patios’

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Cerca de cuatro horas y media por delante. Los 465 kilómetros que separan en coche Pamplona de Toledo. Y, a pesar de los muchos ruegos para parar en cualquier taberna, bar, tasca o similar, y dar buena cuenta de unos torreznos sorianos, los cuatro viajeros del coche sucumben a la autoridad del más alto. Se hace el trayecto del tirón. Se cruza toda la provincia de Soria y ni rastro de su afamado producto ibérico; ni siquiera parada para viajar más ligero, contenciones insanas que no se pudieron evitar.

Y así nace ‘Doce Patios’. La creación de una asociación de cata y gastronomía llevaba tiempo, posiblemente años, rondando por la cabeza. Pero necesitaba un encierro de cuatro horas y media para convertirse en realidad. Necesitaba ese encaje de bolillos que la ayudaría a nacer y, esperemos, a crecer.

La idea, el nervio y el músculo

En ese coche, posiblemente por la ansiedad de los torreznos no gozados, se dieron las claves para poder pasar de un proyecto imaginario a una realidad. La idea estaba madura, los conceptos dispuestos, incluso la programación y objetivos. Hasta la esperanza de oficializar una afición para compartirla en extensión. Las necesidades, la estructura, los conceptos, la dirección, los pilares. La idea, estaba clara.

Y apareció el nervio, precisamente el alto que decidió que no se paraba ni por unos deliciosos torreznos. O, mejor, el NERVIO. Que bien canalizado es capaz de convertir un curso de cocina para infantes, en un récord Guinness; un jardín familiar en un centro cívico, con islas gastronómicas alrededor de la piscina; una jornada de vinos entre amigos, en una sociedad rozando el lobby. Con él, en menos de dos semanas estaban los estatutos redactados, presentados, corregidos, vueltos a presentar, movido hilos para agilizar, más correcciones… Y, por fin: Asociación Doce Patios, número 30609 del Registro General de Asociaciones, con NIF G45911088, y domicilio social en C/ Alamillos del Tránsito, 13 – 45002 Toledo.

Y, la base, el músculo. El tercero del encierro automovilístico, no sólo deseaba esos torreznos, sino que los necesitaba por prescripción médica. Pero ni así. Por lo que en un momento de delirio de abstinencia, decidió que la idea necesitaba apoyo logístico y que él tenía lo necesario para hacer de la asociación algo estable, personal y único. Y, entregado a la causa, aportaba no una sede, ni un local, ni un salón… Aportaba doce patios, espacios típicamente toledanos, que serán los pulmones de uno de los proyectos hosteleros más importantes de los próximos años en la ciudad de las Tres Culturas. Y ahí llega el logo, los espacios físicos, la cobertura logística e incluso humana. El músculo aporta la posibilidad real de andar, trotar, correr.

Ya está en marcha. Idea, nervio y músculo. Y ahora la sangre que son sus asociados, verdadero motor de todo ello, que tiene una vitalidad que augura una salud infinita.

Nota: gracias Ismael por hacernos de ‘chofer’ el día de la torrezno/abstinencia que provoco todo.

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